Internacional Política
Ni cambio ni Europa
29 junio, 2015
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Alexis Tsipras es un irresponsable. No por convocar un referéndum, y desde luego tampoco por poner en cuestión el funcionamiento de la Unión Europea. Es un irresponsable por hacerlo sin tener ningún plan definido, tras seis meses de inoperancia y obviando que la consecuencia de tanto romanticismo impostado es hundir a su pueblo en un pozo de miseria mucho más profundo que el que padecían hasta su llegada.

Cuando Syriza ganó las elecciones en Enero, Grecia había comenzado a crecer y las cifras macroeconómicas empezaban a ser algo esperanzadoras. Siempre me ha sorprendido la facilidad con la que la autoproclamada izquierda alternativa, que no es sino el eurocomunismo del siglo pasado con unos toques de Photoshop, menosprecia los datos macro. “De nada sirve que crezca el PIB o se reduzca la prima de riesgo – afirman algunos – porque eso no llega a la gente”.Como si una economía en crecimiento fuera lo mismo que una economía en recesión y como si los intereses que pagas por el dinero prestado no repercutieran, por ejemplo, en la financiación de la sanidad y la educación de un país. Pero me sorprende más aún que, mientras menosprecian las cifras que determinan el rumbo de un país, acaban alabando cualquier detalle de cara a la galería de los que consideran los suyos: “Tsipras ha aprobado un plan de emergencia nacional para rescatar a las personas”, proclaman ufanos. La realidad tras medio año de figuración y de absurdas alharacas se puede resumir con las interminables colas de ciudadanos griegos sacando el dinero de los cajeros durante este fin de semana. Qué gran política social.

La cuestión griega ha puesto al desnudo la auténtica naturaleza de esta nueva izquierda que está creciendo en el sur de Europa. Tras ese barniz de aparente modernidad subyace el despotismo del que siempre han hecho gala los movimientos mesiánicos: el poder a costa de lo que sea, incluso de la ruina de tus ciudadanos. Lo más preocupante es que incluso ayer, con el corralito a las puertas, había quien decía que venían tiempos “excitantes”. Si por excitante entendemos quebrar un país, condenar a la miseria a los griegos y poner en riesgo el proyecto europeo y la unión monetaria, es que el deseo de algunos por el cambio se parece más a una pulsión suicida que a un deseo regenerador.

Grecia es un país con innumerables problemas y es también víctima de sus propios defectos. No se trata de culpar a los griegos y hacerles cargar con una cruz mientras les señalamos con el dedo, se trata de que cuando padeces de una economía desindustrializada, adicta a la subvención, plagada de corrupción y en la que se producen desajustes tan notables como la de los de las jubilaciones a los cincuenta años, o estás dispuesto a hacer reformas o estás abocado a la ruina. Con esa única condición, la de hacer reformas, hemos prestado el resto de socios de la Unión Europea, además de otros organismos, cantidades ingentes de dinero cuando nadie más estaba dispuesto a hacerlo. Lo más que hemos recibido a cambio por parte de Syriza han sido propuestas improvisadas y algún que otro insulto. Curiosa manera de negociar.

El gran defecto de Syriza durante estos meses no es, como torticeramente quieren hacer creer sus partidarios, desafiar a una Europa cuyo funcionamiento padece de importantes deficiencias, sino hacerlo sin tener la más remota idea de hacia dónde quiere ir, o quizás sabiéndolo demasiado bien, y después de haber tirado a la basura seis meses en los que ha perdido miserablemente el tiempo. En una negociación, y más cuando están en juego cuestiones tan importantes como las actuales, es natural y legítimo utilizar herramientas de presión que te puedan otorgar ventajas estratégicas; el problema está en subir la apuesta cuando ni siquiera sabes qué hay que hacer después. La cuestión clave radica en conocer cuál es el plan de Tsipras para transformar la economía griega y aumentar su competitividad y productividad. Si, como ha demostrado durante el último medio año, no tiene ninguno, está poniendo en riesgo a dos generaciones de griegos con el único fin de seguir estirando el chicle de la financiación o con el de iniciar la voladura calculada del proyecto europeo. Y eso no es valiente, es ruin.

Por último, no está de más recordar quiénes apoyaron este fin de semana el referéndum que, según algunos, representa esos aires de cambio y democracia en Europa. Junto a Syriza, votaron a favor ANEL y Amanecer Dorado. Espero que no sea un indicativo del rumbo que va a seguir nuestro continente, porque si el cambio lo tienen que liderar comunistas, nacionalistas y nazis yo no quiero saber nada de ese cambio ni de esa Europa.

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Manuel S. Sánchez

Escribo sobre Política, Relaciones Internacionales y otros temas.

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