España Política
Un Gobierno presidido por Cifuentes
31 enero, 2016
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La decisión que tomó ayer Pedro Sánchez fue la más cobarde que se podía esperar; someter los eventuales pactos de Gobierno a la militancia le equipara, como bien apunta el certero (esta vez sí) editorial de El País, a formaciones populistas y nada recomendables como las CUP o Podemos. La democracia asamblearia no es democracia, sino refugio de dirigentes cobardes y mediocres, cualidades que parece empeñado en aunar Pedro Sánchez. La democracia, de hecho, no es un sistema que se ideara para que todo el mundo lo votara todo a cada momento, sino para delegar el poder de decisión en representantes presuntamente cualificados que gestionaran el día a día de la sociedad. Con el fin de evitar los posibles abusos de poder se desarrollan constituciones que garantizan derechos y libertades, se establece la separación de poderes y se celebran elecciones periódicas. Es simple aunque a algunos les cuesta entenderlo.

Lo cierto es que Pedro Sánchez no es el único que está actuando mal. Rajoy sabe que, pese a liderar la fuerza más votada con unos números notablemente mejores que los del PSOE, tampoco tiene los apoyos necesarios. Con todo y con eso, a día de hoy seguimos exactamente igual que el 21 de diciembre. Más de un mes después de las elecciones, el presidente de Gobierno en funciones ha sido incapaz de negociar un acuerdo con Ciudadanos, que se mostró dispuesto a ello desde el primer minuto, con el que atraer al PSOE. Es cierto que la oferta alternativa de Podemos es grotesca y está orientada única y exclusivamente a hundir a Pedro Sánchez, pero la realidad es que al otro lado no hay un pacto que hable de regeneración, de medidas para continuar con la mejora económica, de políticas contra la corrupción. Al otro lado, y esto es única y exclusivamente achacable a Rajoy, no hay absolutamente nada que pueda incitar a Pedro Sánchez a flexibilizar su posición.

En esta situación de bloqueo sólo queda una alternativa: nuevas elecciones. Como quiera que es una posibilidad indeseable, puesto que nada indica que el resultado vaya a variar la aritmética actual y añadiría más incertidumbre, no creo que sea la que se vaya a producir. Es en este punto donde Felipe VI debe actuar como jefe de Estado y forzar al candidato de la fuerza más votada a que dé un paso al frente. Es cierto que es un insulto a los siete millones de votantes del PP que el PSOE ni siquiera se siente a hablar cuando ha negociado ayuntamientos con las CUP, Bildu o Podemos, por citar algunos ejemplos, pero también es cierto que Rajoy no puede renunciar a la investidura sin más e incrementar con ello la incertidumbre que tanto dice rechazar. Como ejercicio de supervivencia política es loable, como ejercicio de responsabilidad no.

Ese paso al frente que debe dar Rajoy es, más bien, un paso a un lado. La urnas han dicho que su candidatura es la más votada, pero las urnas han dicho también que no puede formar Gobierno si el PSOE, como mínimo, no se abstiene. Es por ello que el PP, forzado por el jefe de Estado, debe buscar un candidato que pueda desbloquear la situación, y esa no es otra que Cristina Cifuentes. La presidenta de Madrid ya gobierna en coalición, cuenta con apoyos en el electorado de centro derecha y con el respeto de gran parte del electorado de izquierda. Nadie puede poner en duda su compromiso con principios tales como la unidad de España, la democracia, la economía de mercado o el proyecto europeo, y en su labor de Gobierno ha tomado medidas en favor de la regeneración y en contra de la corrupción. Es una candidata con la que el PSOE se podría sentar a negociar sin que ello suponga desgaste ante sus votantes e, incluso, apuntándose el tanto de haber forzado la marcha de Rajoy frente a la alharaca inútil de Podemos.

Creo que es la solución a la que, antes o después, estamos destinados a llegar. Lo creo así desde que se celebraron las elecciones, y es una lástima que se vaya a producir más tarde que pronto puesto que todo el tiempo que estamos perdiendo por intereses personales y estrategias de sillón es directamente proporcional al atractivo que pierde nuestro país para los inversores. La España trabajadora y profesional, aquella que quiere cambiar su país levantando cada día la persiana de su negocio y no gritando consignas trasnochadas en las plazas, no merece verse perjudicada por luchas de poder ni por Gobiernos populistas integrados por cantamañanas.

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Manuel S. Sánchez

Escribo sobre Política, Relaciones Internacionales y otros temas.

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